Como anuncié en mi anterior post (www.linkedin.com/pulse/cómo-educar-la-inteligencia-emocional-en-escuela-i-dr-quim-valls/) en este segundo artículo dedicado a la educación de la Inteligencia Emocional en la Escuela voy a referirme a un excelente libro: La Programación Neurolingüística y los Hemisferios Cerebrales como herramientas de aprendizaje (Editorial Siníndice, 2016) de Yolanda Jiménez Romero.

Su autora, es una knowmad emblemática: Máster en Neuropsicología de las Altas Capacidades Intelectuales; Máster en Inteligencia Emocional; Máster en Coaching Educativo y Practitoner en Programación Neurolingüística. Es Directora Instituto Extremeño- Castilla la Mancha Altas Capacidades en Instituto Internacional AACC, y es además asesora y colaboradora externa en Programas Educativos para Aula Digital-Aula Salud. Pero por encima de todo es una brillante profesional y una persona excepcional.

Programación Neurolingüística

“La PNL postula que todos tenemos nuestra propia visión del mundo, así como que esta visión se basa en los mapas internos que hemos ido construyendo a través de nuestro lenguaje y de nuestros sistemas sensoriales de representación, como resultado de nuestras experiencias vitales individuales. Son estos “mapas lingüísticos” los que determinarán, más que la propia realidad, cómo interpretaremos el mundo que nos rodea, cómo reaccionaremos ante él, qué significado extraeremos de nuestras experiencias y cuál daremos a nuestros comportamientos”.

Robert Dilts

Cuando entre los años 1999 y 2008 estaba investigando cómo “educar una hija feliz” a raíz de mi recién paternidad, llegué a la conclusión de que la premisa básica de la filosofía del logro “cambia tu modo de pensar si quieres obtener resultados distintos” podía reformularse de la siguiente manera: “si quieres cambiar analiza tu lenguaje actual y sustitúyelo por un lenguaje de vida plena”, ya que las palabras que utilizamos para dialogar con nosotros mismos poseen la cualidad de poder transformar nuestra realidad. Servirnos de un lenguaje positivo puede ejercer grandes cambios en nuestro estado emocional y en nuestra manera de percibir el mundo, puesto que no vemos el mundo como es, sino como somos. Como expliqué en Maravillosa Mente: libera tu mente y consigue tus sueños en nueve meses y un día (Ediciones Obelisco, 2013), si logramos hacer evolucionar el diálogo interior actual de una persona hacia una comunicación interna adecuada, podemos facilitar que un individuo común componga un carácter que le capacite para alcanzar sus anhelos personales y profesionales. Se trata de reescribir sus guiones personales en aras de construir una psicología positiva. La pregunta del millón, sin embargo, radica en cómo transformar la estructura psíquico-lingüística de una persona.

En mi investigación, descubrí que esta cuestión ya había sido aparentemente tratada y contestada por dos estudiosos norteamericanos: Richard Bandler y John Grinder, creadores de la Programación Neuro-Lingüística (PNL). Desde entonces la PNL utilizaba el lenguaje para modelar la conducta de una persona común hasta convertirla en la de una persona de vida plena. A principios de los años 70, en la Universidad de California, en Santa Cruz, John Grinder (un profesor de lingüística) y Richard Bandler (un estudiante) habían descubierto que a pesar de que la conducta humana es muy compleja, sin embargo dentro de esa complejidad había patrones identificables, lo que facilitaba establecer reglas que describieran su estructura. Un ejemplo era la gramática. Las personas hacen algo más que imitar las expresiones que han experimentado antes, crean las expresiones que necesitan, y estas expresiones tienen estructura. El conocimiento de un lenguaje es primariamente inconsciente. Aunque se asume que los que hablan una lengua “conocen” las reglas para estructurar sus expresiones (“conocen” en el sentido de que usan esas reglas), eso no implica que ellos puedan explicar de forma razonada las reglas que están usando.

En 1980 se publicó un libro que marcó un hito en la historia de la PNL, Neuro-Linguistic Programming: Vol 1. The Study of the Structure of Subjective Experience (Dilts, R., Grinder, J., Bandler, R., & DeLozier J.). Desde el comienzo Grinder y Bandler habían estado interesados en el proceso por el cual las personas crean y expresan sus experiencias subjetivas del mundo (ésta era la materia objeto de la gramática transformacional, la especialidad de Grinder dentro de la lingüística). En dicho libro la PNL se ofreció no como un conjunto de herramientas sino como un campo singular de estudio que ofrecía un enfoque completo para mapear y modificar la experiencia subjetiva. Así, ya en el prefacio de esta obra, aparece una evidente declaración de principios: “Llega un momento en que es tanto útil como apropiado para el propósito de continuar expandiendo nuestra comprensión del universo en el que vivimos, que campos de estudios completamente nuevos sean creados… Deseamos en este punto separar nuestra PNL de los muchos campos desde los cuales extrae información, de los muchos campos para los cuales tiene aplicaciones. Y de esta manera tener mayor claridad y libertad para delinear las metodologías propias de la PNL y su propósito básico. “… la PNL puede ser descrita como una extensión de la lingüística, la neurología, o la psicología… El propósito de la PNL es tan discontinuo de la lingüística como la lógica lo es de la filosofía, tan discontinuo de la psicología como lo es la neurología de la medicina.” Y en las conclusiones los autores establecen la intención última de la PNL: “crear un vocabulario nuevo, una sintaxis nueva, una manera nueva de pensar acerca del mundo”.

Las palabras que utilizamos hablan de nuestros problemas inconscientes, no obstante, si bien la psicología cognitiva también sostiene que nuestros pensamientos tienen cierto poder sobre nuestro estado de ánimo y sobre nuestras emociones, el problema, tal y como afirma Carlos Álvarez González en La Psicología Científica y las Pseudopsicologías (ARP-SAPC, 2005), es que “la PNL trata por igual constructos psicológicos muy distintos: aptitudes, actitudes, percepciones, palabras, frases, sensaciones… ¡Un cajón de sastre donde para ellos todo vale!”. El otro inconveniente de la PNL – prosigue Álvarez González- es que para que una terapia pueda considerarse eficaz deben haberse hecho estudios que lo corroboren que, al parecer, en este caso no existen estudios serios que validen a sus técnicas”.

Pues bien el libro de Yolanda Jiménez Romero, que es el resultado de su Trabajo Final de Máster, ha pasado el tamiz de un tribunal científico-universitario, lo que le da una excelente pátina de veracidad.

Las reglas de la mente

“La buena noticia es que nosotros nacimos sin programación. No es nuestra, es heredada. Podemos devolverla, borrarla, cambiarla, quitarle los virus que contenga, reprogramarla, mejorarla o incluso olvidarla y ponernos otra diferente. Al cerebro le da lo mismo: no nos conoce. Sólo nos obedece”.

Inma Capo

De entre los pilares de la PNL, citados por la autora ,me interesa especialmente el de las diez reglas de la mente:

1) Nuestra mente inconsciente (MI) almacena y organiza todos nuestros recuerdos.

2) Todo pensamiento o idea causa una reacción física.

3) Lo que se espera tiende a hacerse realidad.

4) Cada cambio de creencia llevado a la práctica, disminuye la resistencia a sucesivos cambios.

5) La MI no se basa en el lenguaje (como la MC) sino en símbolos, imágenes, colores y sonidos que graba, relaciona y asocia en los llamados circuitos o surcos neuronales.

6) La MI no puede mantener indefinidamente dos ideas contradictorias sin generar un conflicto.

7) Cuando una creencia ha sido aceptada por la MI, permanece hasta que otra creencia la reemplaza.

8) La imaginación (MI) es más poderosa que la información (MC). La MI no distingue la realidad de la ficción.

9) La MI es lo que realmente nos define, en ella se han formado y se asientan todos nuestros valores, creencias, emociones, capacidades, hábitos, metaprogramas y conductas, es decir toda nuestra personalidad.

10) Se pueden modificar los surcos neuronales de la MI utilizando los Métodos apropiados.

Estimado lector de este post, te ruego retengas sobre todo los destacados en negrita, por quien suscribe esta líneas.

Si unimos las piezas de los ítems antes remarcados, llegamos a la conclusión esperanzadora de que nuestro carácter se puede transformar si reeducamos nuestra mente inconsciente, ya que la MI es lo que realmente define nuestra personalidad, y ello gracias a que se pueden modificar los surcos neuronales de la MI utilizando los Métodos apropiados.

Si tenemos en cuenta además que no poseemos memoria sino que somos memoria, y que es nuestra mente inconsciente (MI) quien almacena y organiza todos nuestros recuerdos. podemos reescribir nuestros valores, creencias, emociones, capacidades, hábitos, metaprogramas y conductas mediante la recreación de nuestra memoria, sustituyendo el relato que nos contamos sobre nosotros mismos, por un relato “ideal”, ya que, por un lado, la MI no distingue la realidad de la ficción, y por el otro, la MI no puede mantener indefinidamente dos ideas contradictorias sin generar un conflicto, de modo que acabará sustituyendo la teoría antigua de lo que éramos, por la nueva teoría de lo que anhelamos ser. Esta es la estrategia que se utiliza precisamente en el Coaching Neuro-Caligráfico para conseguir una ¡auténtica trans-formación!(www.doctorquimvalls.com).

21 días para reeducar un hábito ¿mito o ciencia?

“Somos lo que repetidamente hacemos. De esta forma, la excelencia no es un hecho aislado, sino un hábito”.

Aristóteles

Todos los libros recientes de autoayuda que se precian han comprado la idea de que la reeducación de hábitos es esencial y es posible, y todos hacen mención de que para conseguirlo se requieren 21 días. Aunque pueda parecer un mantra que a fuerza de repeticiones ha calado entre un sinfín de autores, en realidad la idea de los 21 días tiene una base científica que se origina en William James, el padre de la psicología moderna. James en 1887 publicó un artículo denominado “El hábito”, que se anticipaba en más de un siglo a la actual neurología, y en concreto a la revolucionaria idea de la plasticidad de nuestro sistema nervioso y de nuestro cerebro. El filósofo y psicólogo norteamericano, distinguió entre instintos y costumbres. Los primeros eran hábitos de origen genético, mientras que los segundos eran aprendidos y se adquirían por educación o adiestramiento, de forma que eran susceptibles de desaprenderse. James enseguida se percató, además, de que los hábitos suponen enormes beneficios para los individuos, ya que permiten automatizar conductas, lo que posibilita realizarlas de forma inconsciente. Piense el lector de estas líneas en cómo es capaz, por ejemplo, de cambiar las marchas del coche mientras conduce escuchando la radio. La adquisición de hábitos, postuló, exige que nuestro cerebro sea moldeable a cualquier edad, pero no fácilmente: “Así pues, plasticidad –escribe William James en ¡1890!-, en la acepción amplia de la palabra, significa poseer una estructura lo suficientemente débil para ceder ante una influencia, pero también lo bastante fuerte para no ceder de golpe. En esta estructura, cada fase de equilibrio relativamente estable se caracteriza por lo que podríamos llamar un nuevo conjunto de hábitos”. La materia orgánica es maleable, presenta una dinámica dual estabilidad-alteración-estabilidad- alteración que posibilita fijar su identidad y a la vez permitir los cambios. Y el umbral entre la permanencia y la transformación se sitúa precisamente en un mínimo de repeticiones sistemáticas de la nueva costumbre deseada durante 21 días. En un acto de honestidad que le honra, James citaba un libro publicado en ¡1874! del fisiólogo y científico inglés William B. Carpenter, y en concreto reproducía el siguiente párrafo: “En ninguna parte del organismo humano es tan grande la actividad reconstructora, a lo largo de toda la vida, como en la sustancia ganglionar del cerebro”. Recordemos que cuando iniciamos una actividad el aprendizaje acapara las estructuras más evolucionadas de nuestro cerebro situadas en la periferia del cráneo (neocórtex), pero a medida que las reiteramos y rutinizamos, éstas van perdiendo protagonismo, hasta que al final, cuando ya somos capaces de realizarlas con “el piloto automático”, quienes nos guían inconscientemente son, como ya hemos señalado, los ganglios basales.

Sin embargo la producción de nuevas neuronas tras el nacimiento se consideró imposible durante gran parte del siglo XX. La neurogénesis fue detectada por primera vez por el científico y biólogo español José Manuel García Verdugo, quien descubrió además junto al investigador Arturo Álvarez-Buylla, de la Universidad Rockefeller, las células que posibilitaban la neurogénesis. Observaron que en determinadas ubicaciones del cerebro aparecían neuronas nuevas. Pero si las neuronas no podían reproducirse, ¿de dónde surgían? Al parecer, las nuevas neuronas se originan en células madre indiferenciadas que se sitúan en los ventrículos del cerebro. Lo más curioso es que las células madre emigran hacia otras estructuras cerebrales diferenciándose en neuronas en un sorprendente proceso transformador que dura ¡21 días!

La letra es el espejo público del alma

“Cuerpo y mente inseparables y la forma en que pensamos y lo que pensamos se refleja en el ritmo de la respiración, el color de la piel y las posturas que adoptamos dejan unos patrones característicos”.

Yolanda Jiménez

Nuestra manera de ser, se refleja tanto en nuestro lenguaje verbal como en el no verbal. La cultura popular ha acuñado, por ejemplo, la frase “la cara es el espejo del alma”, de modo que por esta misma regla de tres nuestra voz también lo es. Así, ya en el Siglo XIX el escritor y político Benjamin Disraeli afirmaba que “nada revela tan fiablemente el carácter de una persona como su voz”. Y ya en la actualidad el ex cantante de Ópera Serge Wilfart se dedica a mejorar la personalidad de sus clientes a través de la reeducación del sonido que emerge de sus gargantas. El ritmo de nuestra respiración también es un buen indicador de nuestro carácter y de nuestro estado anímico. No aspiramos y expiramos igual cuando estamos impacientes o inquietos, o sentimos miedo, que cuando nos hallamos relajados. Lo mismo sucede con nuestra postura corporal, que se encoge, por ejemplo en los momentos de aflicción. De hecho el método de Serge Wilfart en parte consiste en alterar la postura corporal para mejorar la impostura de la voz. Pero eso se consigue también al reeducar nuestra caligrafía. Por ejemplo, una pauta de renglones ascendentes que nos obligue a escribir hacia arriba nos endereza los hombros, lo que tiene un efecto beneficioso casi inmediato sobre nuestro estado de ánimo. Y es que la letra es otro, se me antoja el más sutil, de los espejos del alma.

La finalidad de la investigación que estamos iniciando. el “qué”, Yolanda Jiménez, Marta Melgar y quien suscribe estas líneas, está claro: educar con buenos hábitos emocionales a nuestr@s alumn@s en la escuela, no en balde los tres somos unos enamorados de la enseñanza. El “cuánto” al parecer también: un mínimo de veintiún días por cada hábito que deseemos educar. Y ahora estamos trabajando en perfilar el “cómo”, es decir en hallar los Métodos apropiados.

No partimos de cero, disponemos, por estricto orden cronológico, de la Programación Neuro-Caligráfica, que ideé (2013), y en la que me he especializado como coach de adultos y adolescentes, Yolanda Jimenéz aporta su conocimiento sobre la Programación Nurolingüística y los Hemisferios cerebrales como herramientas de aprendizaje(2016), pensado sobre todo para estudiantes de primaria; y tenemos el Método Kimmel(2015-2018) de enseñanza de la lectoescritura para niñ@s de P4 y P5, que estamos diseñado con la excepcional maestra Marta Melgar, del que hablé en mi anterior post y que ya he citado más arriba. Se trata de que l@s niños aprendan a leer y a escribir, y simultáneamente eduquen su Inteligencia Emocional, pero además, y sobre todo, divirtiéndose. Y es que “La PNL -reza la excelente autora en uno de los pasajes paradigmáticos del libro al que va dedicado este post- enmarca que es posible aprender con placer y con más eficacia cuando se aprende a programar para el éxito utilizando recursos para lograr mayores beneficios”. Además entre los tres sumamos casi ¡90 años de experiencia docente!

La ventaja de lo que estamos creando entre los tres, y esperamos y deseamos dar cumplida cuenta de ello en un libro-manual y en un nuevo Máster para maestr@s, radica en que la caligrafía ya se enseña en las escuelas, aunque a mi entender de forma inadecuada (ver, www.linkedin.com/pulse/somos-conscientes-de-la-caligrafía-que-se-enseña-en-las-valls-morató/), y en consecuencia es un recurso gratuito, que permite sin ninguna inversión, ni en tiempo ni en dinero, adicional, educar la Inteligencia Emocional de nuestr@s hij@s.

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